Hay canciones que se quedan a vivir en nuestra memoria colectiva sin pedir permiso.
Si te digo «Murder on the Dancefloor», lo más probable es que tu cerebro active de inmediato el piloto automático y te transporte directo al 2001, a esas pistas de baile con luces de neón, cazadoras de cuero y melodías que eran imposibles de quitarse de la cabeza.
La artífice de aquello —la inolvidable Sophie Ellis-Bextor— lleva media vida demostrando que era mucho más que un éxito de temporada. Y lo mejor de todo es que, lejos de quedarse viviendo de las rentas del pasado o de los recuerdos de MTV, la británica acaba de soltar un nuevo disco que nos recuerda por qué el buen pop británico siempre acaba encontrando hueco entre lo mejor de la semana.
Madurar con lentejuelas y sin complejos
Lo que me fascina de esta mujer es cómo ha gestionado el paso del tiempo en una industria musical que suele ser bastante cruel con las carreras longevas. En lugar de esconderse o intentar imitar las modas adolescentes de los chavales de TikTok, Sophie ha cogido el toro por los cuernos y ha publicado un trabajo titulado Perimenopop.
Ya solo el nombre es una declaración de intenciones tremenda: ironía, cero complejos, sentido del humor y una celebración absoluta de estar en la cuarentena y pico disfrutando de la vida y de la música más que nunca.
Y musicalmente no decepciona.
Cortes como «Taste» o «Freedom of the Night» mantienen esa fórmula mágica que la define: arreglos de cuerda elegantes, ritmos de baile sofisticados y un toque disco que te obliga, literalmente, a mover los pies aunque estés sentado currando con el ordenador.
Una segunda juventud en los escenarios
Lo curioso de este «regreso» es que en realidad nunca se había ido del todo, pero sí ha pillado un impulso brutal. Gracias a que su música ha vuelto a conectar con nuevas generaciones a través de internet y de la gran pantalla, sus conciertos actuales son una auténtica gozada generacional.
Ves a chavales que apenas habían nacido cuando salió su primer disco cantando a pleno pulmón junto a nostálgicos que bailaban sus temas en las discotecas de los años dos mil.
Al final, lo que te deja este nuevo proyecto es una sensación muy chula: hay artistas que tienen un duende especial, una forma de hacer pop tan pulida, británica y elegante, que, pasen los años que pasen, te alegra el día en cuanto suena el primer acorde.
¡Menos mal que nos quedan iconos así para recordarnos cómo se hace un temazo bailable!



