La televisión española lleva décadas recurriendo a historias que ocurrieron de verdad. Algunos de esos relatos partieron de crímenes que habían conmocionado al país; otros recuperaron personajes históricos o episodios políticos que todavía permanecían en la memoria de los espectadores. Con el paso de los años, la forma de contar estas historias ha cambiado, pero el interés por llevar la realidad a la pantalla se ha mantenido.
Uno de los primeros grandes ejemplos llegó en los años ochenta con La huella del crimen. TVE estrenó la serie en 1985 con seis episodios dedicados a algunos de los asesinatos más conocidos de la historia reciente de España. Cada capítulo contaba un caso diferente y reunía a directores y actores procedentes del cine español. Pedro Olea, Vicente Aranda, Juan Antonio Bardem o Ricardo Franco estuvieron detrás de algunos de aquellos episodios.
Si hay que escoger una serie que consiguió convertir la historia reciente española en parte de la rutina televisiva, esa es Cuéntame cómo pasó.
Se estrenó en TVE en septiembre de 2001. Antonio, Mercedes, Toni, Inés, Carlos y el resto de los Alcántara eran personajes ficticios, pero vivían en medio de acontecimientos que sí habían ocurrido.
La muerte de Franco, la llegada de la democracia, las primeras elecciones, el 23-F, los cambios sociales, la entrada de España en Europa.
Todo aparecía dentro de la vida cotidiana de aquella familia.
Muchos espectadores reconocieron en la serie recuerdos propios o de sus padres. La historia dejaba de estar en los libros y aparecía en el salón de casa.
En 1990, cuando TVE preparaba nuevos capítulos, el país recordaba que la primera tanda había obtenido un gran éxito de audiencia y crítica. La serie regresó aquel año con nuevas historias y terminó convirtiéndose en una referencia de la ficción española de sucesos. Su fórmula era sencilla: recuperar un caso real, reconstruirlo para la pantalla y dejar que cada director aportara su propia mirada.
La distancia entre la noticia y la dramatización se hacía cada vez más corta.
El salto más evidente llegó con el nuevo siglo. En 2002, Antena 3 emitió Padre Coraje, basada en el caso de Juan Holgado, un joven asesinado en una gasolinera de Jerez de la Frontera. Su padre, Juan José Moreno Cuenca, inició entonces una larga lucha para esclarecer el crimen y encontrar a los responsables.
La historia consiguió una respuesta extraordinaria en televisión. Padre Coraje alcanzó una media del 30,1% de cuota y unos 4,6 millones de espectadores por capítulo. El personaje interpretado por Juan Diego quedó asociado a una de aquellas miniseries que consiguieron convertir un caso policial en un fenómeno televisivo.
Pocos años después, la televisión volvió a mirar hacia uno de los episodios políticos más importantes de la España contemporánea. En febrero de 2009, La 1 estrenó 23-F: El día más difícil del Rey, una producción de dos capítulos sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. La serie reconstruía las horas posteriores a la entrada de Antonio Tejero en el Congreso y mostraba cómo vivieron aquella noche algunos de los principales protagonistas.
El estreno reunió a 6,491 millones de espectadores y obtuvo un 31,5% de cuota. El desenlace fue todavía más lejos: 6,920 millones de espectadores y un 35,5%. En aquel momento se convirtió en la miniserie más vista de la historia de la televisión española. También recibió el Premio Ondas y, un año después, el Premio Nacional de Televisión.
La década siguiente recuperó otro tipo de historia real: la de los grandes personajes históricos. En 2012 llegó a La 1 Isabel, centrada en la vida de Isabel I de Castilla. Michelle Jenner interpretó a la reina y Rodolfo Sancho a Fernando de Aragón en una producción que recorrió desde la juventud de Isabel hasta los últimos años de su reinado.
La serie terminó en 2014 con 3,835 millones de espectadores y un 19,4% de cuota. Sus 39 episodios promediaron 3,5 millones de espectadores y un 17,7% de cuota. Durante sus tres temporadas, más de 28 millones de contactos pasaron por alguna de sus emisiones, según los datos publicados entonces por RTVE.
Y si Isabel recuperaba una figura fundamental de la historia de España, Fariña se adentraba en una realidad mucho más cercana en el tiempo. La serie llegó a Antena 3 en 2018 para contar el ascenso del narcotráfico en Galicia durante las décadas de los setenta y los ochenta. Su punto de partida fue el libro de investigación de Nacho Carretero y buena parte de sus personajes estaban inspirados en personas que habían participado realmente en aquella historia.
El primer episodio fue seguido por 3,399 millones de espectadores y alcanzó un 21,5% de cuota, convirtiéndose en la emisión más vista del día. La producción consiguió recuperar para la ficción televisiva un periodo especialmente conocido de la historia reciente de Galicia y convirtió nombres que durante años habían aparecido en las páginas de sucesos en personajes de una serie de gran audiencia.
La fórmula sigue vigente. En 2024, La 1 estrenó Las abogadas, una producción inspirada en las vidas de Lola González, Manuela Carmena, Cristina Almeida y Paca Sauquillo. La historia se sitúa en los últimos años del franquismo y la Transición y muestra la trayectoria de estas cuatro mujeres cuando todavía eran jóvenes abogadas.
Su estreno reunió a 1,291 millones de espectadores y alcanzó un 13,3% de cuota, con 2,808 millones de espectadores únicos. También tuvo una importante audiencia en diferido y se convirtió en una de las apuestas de ficción más destacadas de La 1 durante aquel comienzo de temporada.
De La huella del crimen a Las abogadas han pasado casi cuarenta años y las historias han cambiado mucho. Ya no se trata únicamente de reconstruir asesinatos o acontecimientos políticos.
La televisión española ha encontrado también material en la historia medieval, en la transición, en el narcotráfico o en las vidas de personas que participaron directamente en algunos de los cambios sociales del país.
Lo que permanece es el interés por aquellas historias que, antes de convertirse en una serie, ya habían ocurrido fuera de la pantalla.
Y quizá ahí esté una parte de su atractivo: el espectador sabe que lo que está viendo no nació de la imaginación de un guionista, sino de algo que, de una manera u otra, sucedió realmente.



