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¿A dónde se fue «el momento de las lentas»? De bailar pegados a la era del perreo y el DM

Admitámoslo: los que peinamos canas —o los que peinan lo que les queda— recordamos que salir de fiesta antes tenía un guion brillante. Hubo un tiempo en que las luces de la discoteca bajaban bruscamente de intensidad, el humo se espesaba en la pista y los ritmos machacones del eurodance o el italo disco frenaban […]

¿A dónde se fue «el momento de las lentas»? De bailar pegados a la era del perreo y el DM

Admitámoslo: los que peinamos canas —o los que peinan lo que les queda— recordamos que salir de fiesta antes tenía un guion brillante.

Hubo un tiempo en que las luces de la discoteca bajaban bruscamente de intensidad, el humo se espesaba en la pista y los ritmos machacones del eurodance o el italo disco frenaban en seco.

Era el santo grial de la noche: el bendito bloque de las lentas.

Para los sosos era la excusa perfecta para ir al baño o pedir un cubata.

Pero para los valientes… ay, para los valientes era la hora de la verdad.

Tocaba tragar saliva, cruzar la pista disimulando el nerviosismo y soltar aquel legendario: «¿Bailas?».

La banda sonora con la que nos enamoramos (o lo intentamos)

En aquellos años, el DJ era un celestino con auriculares. Tenía en sus manos el poder de unir destinos —o de arruinarnos la noche si cortaba el rollo demasiado pronto—.

Y es que sonaban temazos que hoy son historia pura:

 Los 80 y la elegancia del susurro: Sonaba el ‘Wonderful Life’ de Black y automáticamente te sentías el personaje de una película en blanco y negro.

Si el asunto se ponía más cañero, caía Scorpions con ‘Still Loving You’ o Berlin con ‘Take My Breath Away’ (sensación Top Gun garantizada).

A la tercera canción, el abrazo ya no era de cortesía; era agarrar fuerte por la cintura.

Los 90, cuando el amor se ponía épico: ¡Qué manera de darlo todo!

Aerosmith con ‘I Don’t Want to Miss a Thing’ nos hacía creer que el fin del mundo nos pillaría abrazados en medio de la pista.

Y si la noche pedía idioma patrio, Alejandro Sanz o Laura Pausini ponían la cuota de drama y pasión necesaria para acabar confesando secretos al oído.

Los 2000 y el último aliento del «agarrao»:

Quien no haya intentado ligar con ‘Sin miedo a nada’ de Alex Ubago y Amaia Montero que tire la primera piedra.

Fue el canto de cisne de una forma de bailar que ya empezaba a extinguirse entre los acordes de Coldplay o Evanescence.

¿Existe hoy «el momento balada» en las discotecas?

Seamos directos: está más extinto que el Minitel.

Salvo que te vayas a una fiesta remember para nostálgicos, hoy el contador de revoluciones (BPM) de una sala no baja ni para coger aire.

Ojo, que la juventud de hoy no ligue con baladas no significa que no ligue.

Ahora el contacto físico no espera a que baje el ritmo de la guitarra; se hace a golpe de dembow, reggaetón y perreo intenso.

Antes se arrimaba el hombro con disimulo al ritmo de un piano; hoy el roce se da directamente en la bajada del bajo. Darse el lote sigue estando a la orden del día, solo que con el pulso a 140 por minuto.

El choque generacional: Ligar antes vs. Ligar hoy

ANTES (Agarrao y mirada fija)

Antes había un gancho que evidentemente tenía que ver con esos momento de las lentas.

Un lento inolvidable daba paso a la pregunta necesaria, conteniendo ese sudor frío….¿Vienes mucho por aquí?.

A partir de ahí ya se podía decir que dependiendo de la pareja en cuestión, la siguiente canción, la bailabais juntos y las manos bajaban sospechosamente de la cintura, hasta donde ambos quisieran llegar.

La estrategia para ligar era aguantar la mirada a los ojos en la pista, el mayor número de canciones. Era algo así como la yincana del amor.

El terreno de juego en los años 80, hasta los 2000, pasaba por una pista a oscuras,con un ritmo lento y un balanceo de lado al lado; te dabas el teléfono de casa (y rezabas para que no respondiera su padre).

Aquello era como una verdadera montaña rusa, donde pasabas por diferentes estados, desde la caña inicial del momento, a la parada romántica y el subidón final, cuando te decía que si quería quedar contigo al día siguiente.

HOY (Ritmo urbano y pantalla)

En la actualidad, el gancho pasa por escuchar y disfrutar si es que puedes de un perreo pegadizo.

Hemos cambiado la frase típica del bien es mucho por aquí por algo así como pásame tu insta o tu Facebook.

Ya no hay espera que valga todo va más rápido y la estrategia ya no es estar en la pista, sino reaccionar a sus historias al día siguiente en Instagram.

Hoy en día, la pista no pasa por estar oscuras; todo lo contrario, una pista completamente encendida con muchas luces con perreo suave y actitud totalmente desenfadada.

existe lo que se llama el escaneo rápido del código QR o nombre de usuario de Instagram.

Obtienes una sesión continua sin pausas ni concesiones a la melancolía. Todo es mucho más directo.

Como la vida, va todo a una velocidad  vertiginosa.

Cambian los ritmos, cambian las apps y cambian las tácticas de seducción. Pero seamos sinceros: la mariposa en el estómago cuando sonaban los primeros acordes de un temazo como Wonderful Life y veías a esa persona acercarse…

Eso no lo iguala ni el mejor match de Tinder.

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